La otra Gimnasiada de Doha, Qatar.

No se va a un lugar del mundo así, si no es con una excusa como ésta, pero ya de vuelta y tras la experiencia vivida, reconozco que ha merecido la pena.

Qatar es un país cuya extensión aproximada es de 160 Km . de norte a sur y unos 80 de este a oeste (no supera la extensión de la provincia de Málaga) y aparece como un pequeño apéndice en el golfo pérsico.

Ya en el aeropuerto, tuvimos que esperar en interminables colas para el control de pasaportes donde sobre la marcha te enterabas del pago de un visado de entrada (unos 15 euros al cambio) mientras que los hermanos de los Emiratos árabes pasaban directamente con su carnet de identidad. Comienzas a darte cuenta que aquí, uno es el extranjero y que los privilegios de la Comunidad Económica European quedaron a miles de kilómetros.

Es este un país en transformación, que crece de forma desmesurada a golpe de talón, sustentado por un subsuelo repleto de gas natural.

La “city” de Doha, con grandes rascacielos y edificios emblemáticos, no existía hace sólo cinco años. La ciudad no descansa y la mano de obra barata venida de India, Pakistán y sudeste asiático hace turnos las 24 horas al día para cumplir unos proyectos, que solo en la imaginación, podrían cumplirse en otros lados del planeta.

Junto a esta modernidad, el resto de la ciudad ofrece contrastes de nuevas construcciones junto a barrios llenos de comercios con grandes carteles de vistosos colores más propios de Nueva Dheli que de un país árabe. (Recordemos que cuatro de cada cinco habitantes de Qatar son inmigrantes).

Con todo, Doha es una ciudad segura. Nos llamaba la atención las tiendas del zoco, dejando sus artículos expuestos a la hora del descanso sin que nadie los vigilara, y el extranjero aunque desconfiado en un principio, pronto se relaja y disfruta de la cultura y se adapta a un ritmo de vida donde el tiempo tiene otras dimensiones.

Utilizar el coche en Doha es toda una experiencia. La señales de trafico son más una sugerencia que una norma y conducir un 4x4 termina siendo una necesidad más que un capricho, siguiendo la ley del mas fuerte.

En nuestros ocho días de devenir por Doha en un SEAT Córdoba de alquiler, el gasto en gasolina ascendió a 24 Ryads Qataries (no llega a 5 euros). Comprendo que ante semejante ridiculez no se admitan las tarjetas de crédito en las gasolineras.


La oferta de restauración es muy variada encontrando en el zoco, restaurantes de todo oriente medio, (persas, iraquies, turcos, qataries…) La base es de cordero asado y arroces, aunque no falta el pescado fresco y los dulces.

No es caro, y las comidas al cambio salían entre 12 y 14 euros por persona. En nuestra visita a la lonja del pueblo pesquero de Al Kohor, encontramos langostinos a 2 euros el kilo y los pescados de los mas variado. se vendían a un precio igualmente irrisorio para un europeo.

No existe el alcohol y se sustituye por cócteles de fruta de lo más exótico, acompañados por una buena shisha para fumar, con sabores a uva, manzana o menta, que en la sobremesa sirve, tal vez junto a un buen te negro o un café turco, para dejar pasar el tiempo viendo pasear a las mujeres ataviadas con su abbayha negro , pero mostrando la mayoría, un rostro perfectamente maquillado y luciendo complementos de Prada , Armani… mientras los hombres en grupo, y algunos de la mano, (señal de amistad verdadera) pasean con sus thobe o dishdasha de un algodón blanco impecable, sin una sola arruga, y el típico ghutrah blanco y rojo que les cubre la cabeza y que elegantemente les baja hasta media espalda.

Merece la pena visitar el mercado mayorista de ganado y junto a él, el mercado de Omán donde encuentras especies, hierbas aromáticas, plantas, pescado seco, cerámica y todo envuelto en aromas intensos y penetrantes. Aunque en Qatar el regateo es la norma, el extranjero no se encuentra atosigado ni perseguido en sus compras, como puede ocurrir en otros países árabes.

En nuestro hotel, moderno, recién construido y de estilo y lujo occidentales, destacaba el exceso de personal si lo comparamos con las reducciones de plantillas y las filigranas organizativas de aquí, para seguir siendo y ofreciendo un servicio con el mínimo número de trabajadores. Llegué a contar diez personas en el vestíbulo a parte del que te recibe en el parking y los camareros del bar. Si pedías una almohada, te la subían dos camareros y la habitación ya estaba arreglada al terminar el desayuno. Todo se adereza con una educación exquisita, inclinación, sonrisa y palmada en el corazón, sin hablar de la colocación de la servilleta en el regazo al sentarte a la mesa, gesto que me causaba cierta incomodidad.

Todos los atletas de 46 países reunidos para la gimnasiada fueron alojados en un complejo hotelero de la “city” y desplazados por un convoy de autobuses al “Aspire Zone” para disputar cada una de las cuatro jornadas de la competición.

Este es un complejo deportivo que incluye en sus instalaciones un hotel de cinco estrellas en forma de torre que durante la noche cambia su iluminación dando múltiples destellos de diferentes colores y un centro comercial donde se pueden encontrar todas las marcas y franquicias de la mismísima 5ª avenida de Nueva York .

Alrededor se extienden innumerables campos de césped natural, el Kalifa´s Stadium, the Dome ( la cúpula) que alberga un campo de fútbol cubierto, pista de atletismo, y rodeando el perímetro interior, múltiples canchas con graderíos multifunción.

El Hammad acuatic centre, es el edificio que alberga la piscina de cincuenta metros y de saltos, diseñada ya con vista a los juegos olimpicos del 2020. Esparcidos por la zona, edificios como el centro de medicina deportiva, de oficinas y otros que no alcanzamos a descifrar sus propósitos.

El lujo y la perfección solo se explican bajo la premisa del poder económico y la voluntad de construir lo mejor que en su clase se haya realizado.

Las pruebas de natación fueron el Martes, Miércoles, Viernes y Sábado. El Jueves fue de descanso y una larga caravana de autobuses, escoltados por la policía, desplazó a todos los atletas al museo de artes islámicas y posteriormente a presenciar una carrera de camellos. Los autobuses se disponían en paralelo a estos siguiendo la carretera que bordea el circuito.

Me gustaría señalar que los camellos que compiten son muy jóvenes, incluso de meses de edad, ya que con la edad se hacen lentos y pesados. Estos pueden llegar a valer millones de euros. Igualmente decir, que una ley reciente ha sustituido a los “niños jokeys” por robots con fustas que son controlados a distancia por sus dueños desde sus “todo terreno”.

De vuelta al Hammad Acuatic Center, sus inmensas gradas se llenaban por niños y niñas, (eso si, en diferentes días) de los colegios Qataríes. Ellas disciplinadas, atentas y divertidas. Al mirar a sus profesoras,( sauditas según me dijeron), tapadas de negro y solo dejando entrever sus ojos, me preguntaba que pasaba por sus cabezas al ver a los y las nadadoras medio desnudas, con la indiferencia de una cultura que muestra sus cuerpos sin conciencia de culpa o pudor.

Ellos, por otra parte en plena adolescencia, gustaban de lucir los primeros esbozos de barba, vestían la indumentaria blanca típica y lucían costosísimos relojes y últimos modelos de Ipod, pasando tal vez algo más de la competición.

La mayor animación la llevábamos los familiares de los distintos países. Los españoles, enseguida nos reunimos en un zona de la grada, encima de donde se situaba nuestro equipo y sacamos el arsenal de gorras nacionales adquiridas en “el chino”, banderas, videos y trípodes, pero todo nuestro entusiasmo se desvaneció cuando la organización obligó a los ingleses a retirar la Unión Jack de la barandilla de la grada:” No flags allowed, sorry”.

Tampoco tuvimos himnos nacionales. La ISF , organizadora del evento, decidió eliminarlos de la ceremonia de medallas, posiblemente para dar una idea de unión entre todos los deportistas del mundo.

No obstante en alguna ocasión, las chicas rusas acompañaron a sus medallistas, cantando a capela la internacional, entre la protesta, el orgullo patrio y las ganas de bromas.

Por lo demás la organización fue perfecta. Una locutora en árabe y otro en ingles realizaron una exquisita presentación de las pruebas y entregas de medallas, incluso explicando cada una de ellas, los distintos estilos y sus dificultades, pensando que parte del publico era totalmente profano.

Nos fuimos finalmente de Doha desde el único aeropuerto ya insuficiente para tan desmesurado crecimiento. La desorganización y la improvisación se hacían patentes y aunque se esté construyendo el mejor aeropuerto de Oriente medio, hará falta algo más que el dinero para inculcar una disciplina y un orden como el de los países del norte, aquí donde el tiempo como el desierto no tienen límites precisos.

Redacción NADO

 

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