
NATACION
Un sargento para
salir a flote
EL ITALIANO MAURIZIO
COCONI, NUEVO DIRECTOR TÉCNICO DE LA FEDERACION ESPAÑOLA, IMPONE SU FÉRREO
RÉGIMEN PARA REVOLUCIONAR UN DEPORTE ESTANCADO SOLO PERMITE UN DIA DE DESCANSO
JAIME RODRIGUEZ
MADRID.- Una nadadora sale del agua con los ojos rojos. No es del cloro, sino de haber estado llorando un buen rato en el bordillo tras una sesión de entrenamiento. Es una tarde más de otoño entre los cristales de la piscina climatizada del Centro de Alto Rendimiento de Madrid (CAR). Los tiempos no fueron los correctos, tampoco la actitud de la joven. Ambos matices son incompatibles con Maurizio Coconi, el nuevo director técnico de la Federación Española de Natación. El italiano se hizo cargo en septiembre de uno de los deportes donde España aún no ha despertado
Con
tres cronómetros entre los dedos, revisa las ocho calles de la pileta olímpica,
impoluta. Junto a él, dos técnicos más, Jordi Murio y Eva García, transmiten
órdenes y palabras de ánimo. «Tensión, vamos... Uno, 10; uno, 11...», Coconi
canta los tiempos con actitud marcial. Los nadadores van y vienen en silencio.
Sólo se escuchan las brazadas y las explicaciones o excusas que dan al
entrenador, de 57 años.

El
italiano es duro y lo reconoce. No huye de la fama que arrastra desde su país,
donde ha dirigido las categorías inferiores con mano firme y grandes resultados
en los últimos 14 años. Campeones del Mundo o de Europa como Filippo Magnini,
Alessia Filippi o Federica Pellegrini, actuales estrellas del deporte italiano,
han crecido bajo su tutela. La Federación, animada por el Consejo Superior de
Deportes, decidió apostar por su método y relevar a Carles Subirana, el
anterior director. Quieren un salto de calidad y un proyecto sólido que frene
los vaivenes en una institución que en los últimos años definen desde dentro
como un «culebrón» por los capítulos de discusiones, cambios de residencia,
despidos de entrenadores y enfrentamientos personales entre nadadores, técnicos
y el propio presidente. Y sin éxitos en las competiciones. El objetivo es
mejorar el nivel en el Mundial del próximo año, en Melbourne, y en los Juegos
de Pekín, en 2008, pero, sobre todo, garantizar una base de nadadores a medio y
largo plazo. En la actualidad, nuestra élite la conforman 25 chicos y chicas.
Una cuarta parte del bloque que manejan en Italia, pobre cifra para sacar
réditos en forma de finales o de medallas en las citas internacionales.
«Se
ha triplicado la intensidad de los entrenamientos», aseguran desde la
Federación. «El cambio ha sido radical. Quiere hacer aquí lo mismo que en su
país, desde el primer momento, pero todos necesitamos un tiempo para asimilar
su forma de trabajar». Coconi ha entrado con fuerza, imponiendo su férreo
régimen, lo que ha provocado fricciones con los nadadores, muchos de ellos
adolescentes de apenas 16 años, algunos debutando este curso en el CAR. No ha
habido reclamaciones a la Federación por parte de los becados, las lágrimas de
la mayoría quedan en la pileta. Sólo la veterana María Peláez, campeona de
Europa en 1997, ha dicho basta. Hace tres semanas abandonó la disciplina del
italiano para entrenarse en solitario. El resto aguanta y sufre, convencido de
que el sistema dará resultados. «Es duro, pero sabemos que es por nuestro bien,
estamos aquí para mejorar y ganar en el futuro», comenta Mireia Belmonte,
campeona europea y mundial júnior, una perla de acento catalán. «La gran
diferencia es la tensión en la piscina. No le vale con que hagas metros y
metros, los tienes que hacer concentrado, a tope», explica Marcos Vázquez,
gallego recién llegado que mejora día a día en el 100 libre.
Cuando
cogió el mando, Maurizio Coconi revisó las tablas de entrenamiento de los
chicos y se preguntó por qué la tarde del miércoles estaba vacía. Y también el
sábado. «En Italia el domingo es la única jornada de descanso y aquí va a ser
igual», marcó. Desde entonces, la planilla semanal se llenó de sesiones, mañana
y tarde, sólo con tiempo libre para los estudios, el único argumento que el
jefe atiende para que sus pupilos eviten el agua un par de horas. A veces
sorprende al grupo con tardes de descanso y otras, con domingos de faena. «Palo
y carota», palo y zanahoria, resume Coconi en su mezcla de italiano y español
que habla.
El
técnico, con dos meses de trabajo, ha diagnosticado ya los problemas de la
natación española. Vuelve a aparecer su palabra favorita: intensidad. «Es lo
primero que he echado de menos. También falta volumen y ambición de los
nadadores. Quiero motivarles, decirles que pueden ser figuras y ganarse muy
bien la vida si llegan a ser campeones, como sucede en Italia. Reconozco que
soy muy intransigente a la hora del entrenamiento. No lo entiendo de otra
manera», advierte. El pasado año estuvo Joan Fortuny en el CAR de Madrid,
técnico nacional marcado por su dureza, pero nada comparable, por lo que dicen,
con el responsable actual. «Campeones como Magnini se han forjado así, con
esfuerzo y mucha dedicación. Él era muy perfeccionista. Y yo también, no admito
la dejadez», según Coconi, que ha firmado por dos años, con una cláusula de
posible ampliación hasta 2012.
La tecnología es otra de sus imposiciones. Ha traído desde Italia avanzados programas informáticos. En una reciente concentración en Gran Canaria, la biomecánica de todos los nadadores fue analizada para, a partir de los datos obtenidos, pulir la brazada, la salida, la patada o la respiración. «Es un bonito reto el que tengo por delante», confiesa un segundo antes de levantar la vista y gritar una indicación hacia la piscina.