Cloro y salud

¿Es cierto que el cloro es perjudicial en bebés o niños pequeños que practiquen la natación en el sentido de que podrían desarrollar en unos años problemas respiratorios?

Este tema está relacionado con un estudio publicado por el Prof. Bernard de la Universidad de Lovaina (Bélgica). Este estudio no ha sido corroborado por otros estudios científicos y no aporta ninguna evidencia científica que confirme los problemas de salud a los que hace mención.

Si se respetan los valores recomendados para el correcto tratamiento del agua con cloro, no tiene porqué producirse ningún tipo de reacción perjudicial para la salud. En este sentido, la calidad del aire y de las instalaciones en piscinas cubiertas depende del buen mantenimiento de las instalaciones, de una adecuada ventilación y la buena gestión en la desinfección del agua por parte de los responsables. Si se cumplen las pautas establecidas, no tiene porque tener afectación alguna en la salud de los bañistas. Cada bañista aporta cerca de 30 millones de bacterias por baño así que el uso del cloro o sus derivados se hace indispensable para mantener la calidad del agua en óptimas condiciones, evitando la proliferación de algas u hongos, eliminando los organismos patógenos y asegurando unas condiciones higiénicas óptimas. Las buenas prácticas por parte de los bañistas también son importantes para evitar problemas de salud. Por ello, es muy importante lavarse y ducharse antes de entrar en la piscina, disponer de servicios cerca de la misma y, preferiblemente, utilizar un gorro de baño.

De hecho, la A.E.P. (Asociación Española de Pediatría) ha hecho público en su página web las conclusiones al respecto de un estudio elaborado por los Dr. J. Elorz y C. González, de la Unidad de Neumología Infantil del Servicio de Pediatría del Hospital de Basurto. La A.E.P afirma que “cómo resumen de la revisión científica realizada, se puede concluir que está demostrada la relación entre el aumento de la prevalencia de asma y la práctica de la natación a nivel profesional, pero en la actualidad no hay evidencia de que el riesgo de padecer asma aumente en los niños que acuden a las piscinas, siempre que en éstas, existan unos niveles de cloración del agua dentro de los limites establecidos y que la aireación de las instalaciones sea adecuada”